Tu privacidad es importante para nosotros:

Tanto nuestros partners como nosotros utilizamos cookies en nuestro sitio web para personalizar contenido y ofrecer un mejor servicio, o analizar nuestro tráfico.
Haciendo click consientes el uso de esta tecnología en nuestra web.


Cádiz Trimilenaria

De Cádiz el mar, su bahía, su historia y su gente. Y como no, sus puestas de sol.

Que mejor que conocerla como lo hicieron los Fenicios, desde el Mar, desde el catamarán Puravida.

Cádiz guarda en sus murallas la cultura y las tradiciones que la hacen distinta, como a sus gentes. No lo dudes, Cádiz es el destino ideal para tus vacaciones.

Fenicios, griegos y romanos poblaron esta provincia, legándonos importantes testimonios de su presencia en todo el litoral gaditano.

Por otra parte, una serie de hitos históricos nos permiten constatar la estrecha vinculación entre Cádiz y el resto de la península: en el año 711 la derrota visigoda en el río Guadalete permitió a los musulmanes conquistar estas tierras, cambiando el curso de las historia; en tres ocasiones, en sus viajes al nuevo continente, las naves de Colón partieron de aquí y arribaron a sus puertos, convirtiéndolos con el paso del tiempo en lugares de encuentro de corrientes culturales entre Andalucía y América; por último, destacar que en 1812 se redacta en Cádiz la primera Constitución Española, convirtiéndose la ciudad en capital de la Nación durante tres años.

Aunque sin duda, son los siglos XVII y XVIII la época dorada de Cádiz tras el descubrimiento de América. Por el peso y tamaño de los grandes buques procedentes de las Indias, provocaron que la Casa de la Contratación pasase a Cádiz.

La Casa de Contratación se desplazó a Cádiz y el comercio americano pasó a ser su monopolio. Muchos gaditanos pasaron a formar parte de una rica burguesía comercial, encabezando los negocios de una ciudad cosmopolita llena de gente de muchos países de Europa en la que las ideas ilustradas se ponían en práctica y se debatían en tertulias culturales. En esta época era la segunda ciudad más importante del país, solo superada por Madrid. Debido a este gran comercio por mar llegaban a Cádiz numerosas naves procedente de América cargadas de oro, especias, plantas desconocidas….. Por este motivo se construyeron sobre las azoteas de algunos edificios 160 Torres Miradores, algunas de las cuales las podrán observar desde nuestro catamarán Puravida.

En sus 260 kilómetros de costa atlántica destacan sus playas largas y de arena fina, muchas de ellas aún no urbanizadas ni extremadamente explotadas turísticamente. Todo el litoral forma parte de la Costa de la Luz.

Podemos encontrar desde playas urbanas de excelente calidad como las de La Victoria en Cádiz capital o La Barrosa en Chiclana, hasta playas vírgenes como las de Levante en El Puerto; Los Caños de Meca y Zahora en el municipio de Barbate, Bolonia en Tarifa y El Palmar en Vejer.

En el interior cabe destacar las bodegas de Jerez o la Ruta de los Pueblos Blancos y la Ruta del Toro.

En nuestras rutas marítimas a bordo del Puravida por Cádiz podrás admirar las murallas defensivas de los siglos XVI,XVII y XVIII

Las murallas son uno de los elementos arquitectónicos más característicos de Cádiz, aunque en menor medida de lo que lo fue en el pasado, debido al derribo de una parte importante de ellas hace más de un siglo. Los visitantes que durante los siglos XVIII y XIX se acercaban a la ciudad por mar o por tierra se llevaban la imagen de una ciudad fuertemente amurallada, una plaza fuerte realmente inexpugnable, que se completaba con su correspondiente artillería de cañones y personal militar de guardia.

En la espléndida Maqueta de Cádiz, del siglo XVIII, conservada en el Museo de las Cortes de Cádiz, podemos apreciar perfectamente cómo era la ciudad en esa época.

Pero no siempre fue así.  En los años finales de la edad media, la villa medieval, desbordada por el crecimiento de la población, con nuevos arrabales que se extendían más allá de sus murallas, quedaba expuesta a cualquier ataque procedente del mar.

Poco a poco, se fueron amurallando otras zonas, como la Puerta del Muro (actual Puertas de Tierra) o la zona del puerto,teniendo por el lado del sur la protección natural de los acantilados. La vulnerabilidad de Cádiz quedó claramente de manifiesto un aciago día de 1.596, cuando una escuadra anglo-holandesa, al mando del Conde de Essex, saqueó la ciudad, arrasándola e incendiándola casi por completo. Fue tal la destrucción causada que a punto estuvo la ciudad de ser abandonada y su población trasladada a los pueblos de alrededor. Afortunadamente, se decidió conservarla y amurallarla de una forma más eficaz.

Desde finales del siglo XVI y hasta el XVIII, se fue fortificando todo el perímetro urbano. Junto a las murallas, se construyeron los castillos de Santa Catalina y San Sebastián y distintos baluartes repartidos a lo largo del mismo, como los baluartes de Santiago, de la Candelaria, del Bonete, del Orejón, de los Mártires, de Capuchinos, de San Roque y de Santa Elena, así como la batería de San Felipe, habiendo desaparecido otros con el derribo de las murallas que daban al muelle a principios del siglo pasado. A ello habría que sumar las monumentales puertas de acceso a la ciudad, como la Puertas de Tierra, del Mar, de Sevilla, de San Carlos y de la Caleta, de las que, por desgracia, solo se conservan ésta última y la de Tierra, pues la actual de San Carlos no es la original.

Las defensas gaditanas se completaban con los glacis de Puertas de Tierra, un conjunto fortificado situado frente a ella, tras el foso, que dificultaban el acceso, siguiendo el sistema defensivo del ingeniero militar francés Vauvan, y las galerías subterráneas conocidas popularmente como Cuevas de María Moco, consistentes en un conjunto de túneles subterráneos, minas y contraminas que discurrían por debajo de esta zona de la ciudad, construidas para refugio o para una posible huida ante hipotéticos asaltos enemigos, pero que fueron utilizadas, sobre todo, para otras prácticas, como el contrabando.

La muralla del Campo del Sur o del Vendaval, levantada sobre los acantilados existentes en esta zona, los cuales durante mucho tiempo actuaron como muralla natural, fue el tramo más problemático en su construcción, debido a los continuos embates del mar, que provocaba frecuentes derrumbes y socavones, con lo que a lo largo del siglo XVIII se tuvo que reforzar varias veces la muralla. A mediados del siglo pasado se optó por solucionar este problema colocando bloques de hormigón, ocultando la muralla y dañando gravemente la estética del lugar, cambiando también la fisonomía del tramo comprendido entre el Colegio de la Mirandilla y el baluarte de San Roque.

En la zona de extramuros (Puertatierra) había también varios puntos defensivos que defendían la ciudad por la parte de la Bahía. Concretamente, la batería del Romano, desaparecida en la actualidad, y las baterías de la Primera y Segunda Aguadas, situadas ambas, respectivamente, en el colegio Villoslada y en la Plaza de Santa Ana, entonces línea de costa. De toda esta zona, el enclave más importune era el castillo de San Lorenzo del Puntal, junto al actual barrio de Puntales, que defendía el interior de la Bahía y que llegó a tener gran protagonismo durante la invasión francesa de 1.808.

El fuerte de la Cortadura fue la última fortificación construída en Cádiz, que se levantó en esa fecha para proteger el único acceso terrestre a Cádiz e impedir el paso de las tropas napoleónicas, algo que no llegó a suceder pues éstas no lograron pasar de San Fernando.

Por último, decir que las murallas gaditanas han sido protagonista de las letras de algunas coplas famosas y palos flamencos que las cantaban, como aquella de:

"Son de piedra y no se notan, las murallitas de Cádiz, son de piedra no se notan, "pa" que en ellas los franceses se rompan la cabezota. Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones...".